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Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús  Anawin

Apóstoles del

Sagrado Corazón de Jesús

Anawin

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04/09/2024 | Información | Testimonios

Cómo el Sagrado Corazón convirtió la vida de un joven de 23 años

Francisco nacido en México, Jalisco, Ayotlán hoy residente en EE.UU. nos comparte su testimonio

Imágen del Sagrado Corazón de Jesús que se encontraba en la casa de Francisco

TESTIMONIO DE FRANCISCO Y EL SAGRADO CORAZÓN

Primeramente, quiero darle las gracias a Dios porque en la viña del Señor somos llamados de diferentes formas. A unos los llama primero y a otros más tarde. En mi caso, vengo de una familia católica nací en México en Jalisco en Ayotlán en un rancho, que se llama la Higuera, de donde tuvimos que irnos porque mis papás no podían darnos lo que toda familia necesita: comida.

Nuestros padres nos enseñaron a rezar antes que a caminar. Yo soy el noveno hijo de una familia compuesta por 10: 6 hermanas y 4 hermanos. Un día normal era como en toda familia, tratar de cumplir con las tareas del hogar y la escuela. Y en la tarde rezar el Rosario, así, todos los días.

Yo nací en el año 1970, y nos mudamos dos veces de casa antes de llegar a la casa actual, que está en Colonia Guadalupana. Allí nos establecimos. Carecimos siempre de todo lo material pero no de lo espiritual.

Como todos los niños éramos muy alegres, nunca tuvimos traumas. Pero si nos preguntábamos y en especial en Navidad, el por qué el Niño Dios no nos traía regalos. La vida se nos pasó tan rápido…

Estudié hasta secundaria porque ya no podía soportar ver a mis papás trabajar tanto. Estudié con libros prestados; y creo que es importante recalcar que nunca mire a mis padres de mal humor. Nos enseñaron que lo más importante era Dios, las últimas palabras en mi adolescencia que mi mamá me dijo fueron. “-¿hijo quieres seguir estudiando?”. Le contesté: -“no, quiero trabajar”.

Así empecé a trabajar duro, como todo joven, y a ganar mi primer dinero con el que no supe que hacer y se lo di a mi mamá. Después ya de joven fui muy deportista. Me gustaba mucho el fútbol jugaba todos los días. Pero empecé a pecar más grave y tenía que confesarme con el Padre. Me daba vergüenza porque yo era el monaguillo, pero siempre dije la verdad no me guarde nada. En esa época llevábamos a la Virgen del Refugio por las casas y la cambiábamos todos los días. Además, mi mamá quedo encargada en la parroquia de todo y mi papá era el sacristán del pueblo.

Dios había acomodado todo en la familia. Mis hermanas se casaron y quedamos los hermanos varones. En lo que respecta a mi fe, se hizo más pequeña que un granito de mostaza. A pesar de eso nunca usé drogas, aunque si tomaba, porque como joven quería quedar bien con mis amigos. En esa vida andaba cuando tuve una experiencia sobrenatural con el Sagrado Corazón de Jesús.

En la entrada de la casa teníamos la imagen del Sagrado Corazón, no recuerdo como llego ahí. Desde mi juventud y ya con 23 años le seguía prendiendo “su veladora”.

Vela gruesa de poca altura que se enciende en homenaje a Dios, a los santos o al pie de un crucifijo en el altar familiar. Para el pueblo mexicano es símbolo de pureza, sosiego, paz y protección; son expresión de la relación con lo divino. En la tradición mexicana, las veladoras tienen también la misión de alumbrar y guiar, con su flama titilante, a las ánimas

Una tarde como de costumbre me iba yendo de la casa, y miré el Sagrado Corazón que tenía la veladora a la mitad y pensé: -“mañana le compro otra” , y salí. Regresé tarde, apenas ingresé a la casa dirigí la mirada a la imagen del Sagrado Corazón con su veladora todavía encendida. Me dispuse a descansar en una recamara donde mi papá guardaba las herramientas. No habían pasado ni 10 segundos, cuando veo con asombro que entra una llamita de fuego pequeña y se mete entre las tejas. Venía del oriente. Para mi sorpresa, se empezó a mover muy despacio.

No pude moverme no podía hacerlo. Solo pude seguirla con la mirada. Y pude percibir con todos mis sentidos la presencia real e invisible de alguien que estaba allí. Sentí mucho Amor, tan inmenso como nunca lo había sentido antes; ni siquiera el día que me casé. Ese Amor no era de este mundo. Sentí mucha paz. Sentí como si el alma se saliera de mi cuerpo y flotara como en otro universo. Nunca había experimentado algo similar antes. La pequeña llamita siguió moviéndose, y dejo que la mirara durante unos 15 segundos; nunca se detuvo. Se volvió a meter entre las tejas y se dirigió al Sagrado Corazón de Jesús. Bajo del techo hacia la llama que estaba encendida en la veladora e hizo contacto con ella. Entonces la llama de la veladora, creció y creció hasta hacerse muy grande e intensa iluminando toda la recamara. Esto duró así, como unos 10 segundos hasta que la veladora estalló. Al mismo tiempo y junto con mi corazón. Sentí en mi interior que también se rompía y me tomé el pecho con mis manos. Fue entonces cuando pude volver a moverme, que fui hasta donde estaba la imagen del Sagrado Corazón. Estaba todo oscuro, en silencio y en calma. Solo junte los pedazos de vidrios. La imagen estaba intacta y en la casa nadie escuchó nada.

Después de un tiempo del suceso que les relato, lo platiqué con mi familia y algunas personas. Me surgió el deseo de estudiar las escrituras y saber de Dios. Y le prometí a Dios hablarle a la gente de ÉL. Claro que no es fácil. Es el trabajo más difícil que tú puedas escoger. También me alejé de todo lo que me podía manchar, pero no pude.

Ahorita vivo en EEUU y llevo años yendo a mi casa. Siempre miro la imagen y me vuelve el recuerdo de ese “Amor que ha Amado tanto a los hombres y solo recibe desprecios” como dijo, el Sagrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque en sus apariciones.

En estos tiempos los jóvenes necesitan un Amor que los guíe. Y esa guía solo podrán encontrarla en el Sagrado Corazón de Jesús!

Gracias y saludos a mis hermanos argentinos, espero que se entienda.